No sólo en estos últimos días, sino en estos últimos años, mi preocupación acerca el incremento de popularidad de los partidos ultraderechistas ha aumentado. En toda Europa, estos partidos están creciendo y hasta se están ganando un hueco en la política de sus respectivos países. Estos partidos, de tendencia radical, xenófoba y antiinmigración, se están viendo favorecidos por distintas circunstancias. Una de ellas, por ejemplo, es la inoperancia y estéril capacidad de la mayoría de gobiernos progresistas europeos para salir de la crisis. Otro factor ha sido la gran ola de inmigración que ha sufrido Europa en las últimas décadas, que ha reavivado el racismo de muchos ciudadanos europeos. Sin embargo, estos días, con la polémica de la expulsión de los roms por parte de Francia, estos grupos pueden verse muy favorecidos. El gobierno francés está estimulando el racismo con la expulsión de los gitanos, y está llevando sobre la mesa un tema, entre otros, que tiene mucho juego para debatir: las consecuencias de la inmigración. La gente tiende a ver estas consecuencias como esencialmente negativas. Y esto beneficia muchísimo a los grupos ultraderechistas, que potencian el odio hacia la inmigración y atraen a gran parte de la gente que sólo ve en la inmigración aspectos negativos.


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